Johnny Mudd

Horses were something that he understood but flying machines were not normal for him. Ole Rusty Red watched Ole Johnny Mudd curiously as he knelt down on the ground with his hands folded before getting on board the airplane. Ole Johnny Mudd was praying silently, asking for safety whenever he would be in lifted up into the air and carried by the mechanical bird. Ole Rusty Red had never seen anyone praying for air safety, so he just bowed his head and remained silent. He loaded some bags of dry ice into his seat and climbed on board. He turned on the propeller, shouted “contact” and off they flew into the sky!

Ole Johnny Mudd sat in the back seat, holding on for dear life as the plane flew higher and higher. He barely dared to peek down to see his herds of cows looking smaller and smaller. He was praying for the intercession of Our Lady of Guadalupe, who was the patron saint of all New Mexicans, to keep him safe.

Ever since her appearance near Mexico City in 1531, she was revered all over the American Southwest. His flight above the clouds was truly frightening for Ole Johnny Mudd and he wished that he had never tried to make it rain when it was the dry season. On the earth below, Ole Johnny Mudd’s horse looked up at him with disbelief to see him soaring high above.

In the meantime, Ole Rusty Red was flying the airplane forwards and backwards, from side to side, right side up and upside down as he sang: “Here we go loopty loo. Here we go loopty li. Here we go loopty loo all on a Saturday night. Here we go way down low. Here we go way up high. Here we go way down low. We really know how to fly. Here we go round and round. Here we go fast and slow. Here we go round and round. Oh what a great way to go! Here we go up and down. Here we sit side by side. Here we go up and down. Oh what a wonderful ride! Here we go loopty loo. Here we go loopty li. Here we go loopty loo, all on a Saturday night.”

As he was singing, he was grabbing scoops of dry ice from his bag on the seat, and he was sprinkling it over the clouds as the plane flew over them. He looked over to the second seat and he saw Ole Johnny Mudd still hanging on for dear life and with his eyes closed. Just then, the chunks of carbon dioxide crystals were starting to have an effect on the clouds. They began to rumble as if they had an upset stomach and lightning began to flash all about them. It was truly a wonderful sight to see from the air right above them. He called over to Ole Johnny Mudd to open his eyes and behold the spectacle.

Ole Johnny Mudd opened first one eye and then the other. Instead of being afraid, what did he see? He saw huge drops of rain splashing down all over his range. The plants were beginning to turn green, and his cows frolicked joyfully in the drenched plains below. He smiled happily as the plane continued its loopty-loops like a puppy playing in the rain. Ole Johnny Mudd forgot to be afraid, and he himself even tossed out a few scoops-full of dry ice into the clouds. He laughed at the gurgling rain belching forth from the clouds.

Both men even stood on the wings of the little plane shaking hands because they were so pleased. Far below them the crops began to grow, and it promised to be a good season for the animals. Suddenly though, a bolt of lightning struck the wing of the plane. Both men held on tightly as the plane spiraled downward. Both were wondering just what was going to happen to them.

En español

Mano Juan Fango comprendía cómo manejar sus caballos pero las máquinas voladoras no eran cosa normal para él. Mano Mojo Rojo miraba a Mano Juan Fango con curiosidad cuando se ahincó en la tierra con sus manos dobladas antes de abordar en el avioncito. Mano Juan Fango rezaba en silencio, pidiendo por seguridad en el aire cuando se levantara y se lo llevara el pájaro mecánico. Mano Mojo Rojo nunca había visto a nadie rezar por seguridad en el aire, de manera que nada más inclinó la cabeza y se quedó callado. Cargó unos sacos de hielo seco detrás de su asiento y abordó el avión. Comenzó el hélice y gritó: “contacto” y sin más ni más, ¡se levantaron en el aire!

Mano Juan Fango estaba sentado en el asiento detrás, bien prendido con terror mientras que el avión subía más y más alto. Apenas se atrevía a mirar para abajo para ver los atajos de sus vacas mirándose más y más pequeñas. Estaba rezando por la intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, quien era santa patrona de todos los nuevomejicanos desde su manifestación en la Ciudad de México en 1531, que lo librara de todo peligro. Su vuelo por arriba las nubes era verdaderamente terrorífico para él y deseaba nunca haber tratado de causar lluvia en medio de la temporada árida. En la tierra debajo, Mano Juan Fango veía a su caballo mirándolo con incredulidad a; verlo volando como un pájaro.

Entretanto, Mano Mojo Rojo estaba manejando el avión hacia adelante y hacia atrás, de lado en lado, de boca arriba y de boca abajo cantando: “Vamos aquí lupti-lu. Vamos allí lupti-ai. Vamos aquí lupti-lu en esta noche, ¡Carai! Vamos muy bajo aquí. Vamos muy alto allí. Vamos muy bajo aquí, porque sabemos volar. Nos damos la vuelta aquí, muy recio y despacio allí. ¡Nos damos la vuelta aquí, en este vuelo feliz! Vamos muy bajo aquí. Vamos muy alto allí. Vamos muy bajo aquí, porque sabemos volar. “Vamos aquí lupti-lu. Vamos allí lupti-ai. Vamos aquí lupti-lu en esta noche, ¡Carai!”

Mientras que estaba cantando, estaba agarrando primicias llenas de hielo seco del paquete en el asiento y comenzó a esparcirlo sobre las nubes cuando el avión pasaba por ellas. Hechó la mirada hacia el segundo asiento y vio a Mano Juan Fango todavía prendiéndose con toda su fuerza y con los ojos cerrados. Pero en ese instante, los pedazos de cristales de dióxido carbonado comenzaron a trabajarles a las nubes. Comenzaron a retumbar como si tuviesen un gran dolor de estómago y los relámpagos comenzaron a parpadear en medio de ellos. Era una gran vista verlos desde el aire arriba de ellos. Llamó a Mano Juan Fango para que abriese los ojos y contemplar el espectáculo.

Mano Juan Fango abrió primero un ojo y luego abrió el otro. En vez de tener miedo, ¿qué fue lo que vio? Vio unas gotas grandotas de lluvia salpicando por toda su pradera. Las plantas habían comenzado a enverdecer y sus vacas jugaban con gozo en el altiplano empapado. Se sonreía alegremente mientras que el avioncito continuaba a hacer sus lupti-lus como un cachorro jugando en la lluvia. A Mano Juan Fango se le olvidó tener miedo y hasta esparramó unas cuantas paladas de hielo seco entre las nubes también. He reía al oírlas haciendo gárgaros cada vez que la lluvia emanaba de las nubes.

Ambos señores hasta se pararon en las alas del avioncito, dándose la mano porque estaban tan satisfechos. Muy debajo de ellos los cosechas crecían, y parecía que iba a ser una buena temporada para los animales. Sin embargo, de repente una centella le pegó a una ala del avión. Ambos señores se prendieron fuerte mientras que el avión espiralaba hacia abajo. Ninguno de ellos sabía lo que iba a pasar.

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