Muerte por Smartphone – Capítulo diez: El viaje de regreso

Por Teresa Dovalpage
Para The Taos News
Posted 3/29/18

Recapítulo: Marlene Martínez, una ex detective cubana que ahora vive en Miami, toma un crucero por el Caribe en compañía de su sobrina Sarita. Con ellas viaja …

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Muerte por Smartphone – Capítulo diez: El viaje de regreso

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Recapítulo: Marlene Martínez, una ex detective cubana que ahora vive en Miami, toma un crucero por el Caribe en compañía de su sobrina Sarita. Con ellas viaja Carloalberto, un aspirante a actor que se comporta de forma sospechosa, su esposa Emma y Helen, una guionista que trabaja con Carloalberto en un concurso de televisión. En el segundo capítulo, Marlene descubre a Carloalberto besando Helen en el balcón de su cabina mientras Emma se encuentra en el casino.

Un día después, mientras visitan a una shamana durante una excursión a Belice, la mujer, que dice leer el futuro, le pronostica a Marlene que pronto seguirá un rastro de sangre otra vez. Más adelante, Carloalberto y Helen son eliminados del concurso. Sarita le dice a su tía que, según chismes online, éste tiene deudas de juego y hay ciertos tipos malos detrás de él.

Mientras el barco se acerca a la Costa Maya, el Smartphone de Helen se cae al agua durante una sesión de selfies con Emma y Carloalberto. Unas horas más tarde, Sarita descubre que Carloalberto está siendo considerado para el papel protagónico de una nueva película. Esa noche, mientras Sarita va a una fiesta, Marlene escucha un chapoteo como si algo, o alguien, fuera arrojado por la borda. Cuando vuelve a la fiesta, Sarita ha desaparecido.

Marlene finalmente encuentra a Sarita y la regaña. A la mañana siguiente, van juntas a una excursión para "nadar con delfines". Se supone que Carloalberto vaya también, pero no va. Esa tarde, la partida del barco se retrasa a causa de la desaparición de un pasajero.

Esa noche, el capitán admite la desaparición de Carloalberto. A la mañana siguiente, cuando Marlene y Sarita se preparan para ir a Chichén Itzá, Emma dice en una entrevista que cree que su esposo está bien y que probablemente lo encuentren pronto. Sin embargo, mientras Marlene y Sarita visitan las ruinas, el cuerpo de Carloalberto es encontrado en el mar frente la Costa Maya. Sarita ve la noticia y comienza a llorar.

Cuando el grupo abordó el autobús que los llevaría de regreso al aeropuerto de Chichén Itzá, el estado de ánimo de todos había pasado de tristón a sombrío. Sarita seguía buscando noticias con frenesí, mortificada porque la batería de su teléfono se estaba agotando a alta velocidad. La chica dejó en claro que no deseaba hablar y se sentó sola en el fondo del autobús.

Marlene tomó asiento junto a una mujer que le resultó vagamente familiar. Pronto la identificó como la otra pasajera que se encontraba afuera, en el área de fumadores, la noche de la Fiesta Brillante y Peligrosa. La mujer, que se presentó como Lizbeth, también reconoció a Marlene.

--Este crucero tiene tremenda salación --le susurró.

--Sí que la tiene --respondió Marlene.

--Estoy convencida de que el ruido que oímos fue ese pobre tipo tirándose al mar --dijo Lisbeth--. ¿No es horrible? Ojalá hubiéramos dicho algo cuando aún había tiempo. Quizá lo habrían salvado.

Marlene negó con la cabeza.

--Dudo que lo hubieran encontrado en la oscuridad --dijo--. Pero ¿por qué crees que se tiró? Nadie sabe si fue un suicidio.

--¡Ah, sí! --respondió Lizbeth--. Encontraron una grabación. Él dejó un mensaje en su propio teléfono. Un video, en realidad.

Sarita se metió en la conversación.

--¿Dónde escuchó usted eso? --preguntó, respirando con agitación.

--En Univisión --le contestó Lizbeth--. Allí postearon el video. Era desgarrador.

Abrió su Smartphone y encontró el sitio web de Univisión, pero en ese momento transmitían una entrevista con Helen.

--Yo lo he estado diciendo todo el tiempo --sollozaba la guionista. El North Star se veía detrás de ella--. Carloalberto estaba severamente deprimido, a pesar de lo que digan…otras personas. Sí, le habían ofrecido un nuevo trabajo. Sí, yo estoy trabajando en un guión piloto para una telenovela. Pero eso no significa que no quedásemos apabullados cuando…

El Internet estaba más lento que una tortuga sobrealimentada, incluso en el teléfono de Lisbeth, que tenía la batería bien cargada. El video se detuvo y la cara de Helen se congeló frente a la cámara.

--No caben dudas de que se mató --le dijo Lizbeth a Sarita--. Decía algo como: "Que no se culpe a nadie. Mi vida no vale la pena y por eso me voy al otro lado."

--Pero ¿cuándo dijo él todo eso? --preguntó Sarita--. ¿Y dónde?

--Filmó el video en su cabina, parece que antes de saltar del bote. Se puede ver un balcón al fondo.

El autobús había llegado al aeropuerto. Cuando los pasajeros abordaron el Cessna, el piloto les pidió que apagaran sus celulares. Lisbeth y Sarita obedecieron a regañadientes. El avión despegó.

Las aguas color zafiro del Caribe destelleaban bajo el avión. Algunos botes, como barquitos de juguete sobre un lago en miniatura, desaparecían por momentos bajo el velo de encaje de las nubes. Marlene miraba distraída el paisaje, pero su mente ya no estaba allí. Se hallaba de vuelta en el North Star.

Ella había visto a Carloalberto varias veces después de que él y Helen fueran eliminados del concurso, primero en la cubierta quince, tomándose selfies con "sus mujeres", y luego en el casino, frente a una máquina tragamonedas. No parecía preocupado, mucho menos deprimido, en ninguna de aquellas ocasiones. Su propia esposa había dicho que se sentía de lo mejor. Pero ¿y qué tal si era ella la que mentía?

Por otro lado, si Lizbeth tenía razón y Carloalberto había muerto la noche de la fiesta, debía haberse suicidado una hora, o quizá sólo unos minutos después de que Marlene lo viera jugando.

Entonces, el juego podría haber sido la causa, caviló Marlene mientras observaba a Sarita, que no dejaba de echarle ojeadas anhelantes a su teléfono. Si era cierto que Carloalberto les debía dinero a algunos "tipos desagradables" y el rubio lo seguía para asegurarse de que les pagase, era posible que una racha de mala suerte lo hubiera llevado al límite. De cualquier forma, la ventana de tiempo era minúscula. Carloalberto tendría que haber ido a su habitación, filmado el video y luego saltado al mar en cuarenta minutos como máximo.

Quisiera ver ese video, pensó Marlene.

Sarita encendió su celular, pero nomás encontró una pantalla en blanco. Marlene le lanzó una mirada de advertencia.

--Lo siento --murmuró Sarita, guardando el teléfono.

--Llegaremos en menos de media hora --dijo Marlene--, y nos enteraremos de lo que está pasando. Ya casi estamos allí. ¿Ves? Ese es el North Star.

El barco se destacaba entre todos los que se hallaban atracados en el puerto de Cozumel.

--Se suponía que estas fueran unas vacaciones divertidas --suspiró Sarita--. Mi primer crucero. Visitas a sitios fantásticos. Poder mandarles fotos a mis amigas. Pero…

Marlene puso una mano sobre el hombro de su sobrina. La chica temblaba, conteniendo las lágrimas.

--No te lo tomes tan a pechos, mijita --le dijo--. Comprendo que es muy triste, pero tú no conocías a Carloalberto. Quiero decir, veías ese programa y querías que él ganase, pero si no hubiéramos estado aquí, no lo estarías considerando una tragedia. Habría sido simplemente una mala noticia más.

--Pero estoy aquí --respondió Sarita--. Eso lo cambia todo.

La versíon de este articulo en inglés esta aqui.

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