Memorias preciosas de las Fiestas de Santiago y Santa Ana

Por Larry Torres
Posted 7/18/19

Memorias preciosas de las Fiestas Por Larry TorresYa las se han enbalado las alfalfas y están todas recogidas en sus pilas en el corral. Gracias al a la abundancia de la nieve del invierno y a …

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Memorias preciosas de las Fiestas de Santiago y Santa Ana

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Ya las se han enbalado las alfalfas y están todas recogidas en sus pilas en el corral. Gracias al a la abundancia de la nieve del invierno y a las lluvias de la primavera, no hay más que el esperar que se maduren los frutos en los árboles. Siendo que hay un poco de tiempo para descansar del trabajo diario, ya llegan y son muy bienvenidas las Fiestas de Santiago y Santa Ana.

En los tiempos de más antes, tales días se anticipaban con gran regocijo. Los hombres solían pasearse a caballo en el Día de Santiago y las mujeres se paseaban en carros de caballo en el Día de Santa Ana. Ambos llegaban a la Plaza de Taos bien encatrinados, resplandcientes 'en sus meros alfileres'. Esperaban la llegada de la Reina y su cortaje que seguían al párroco local de la iglesia para bendecirlas al comienzo de las fiestas.

Sentada la reina y las princesas cerca de las imágines de los santos honrados en el balcón de la Casa de Cortes, ya se comenzaba el desfile al rededor de la plaza. La reina usaba una corona bonita fabricada de un jarro de café 'Folger's'. Además de la entrada por los conquistadores a caballo, los Comanches bailando y los músicos, los espectadores anticipaban a los espíritus antiguos llegar en la persona del Agüelo, la Bruja y el Viborón inventado por el Señor Ted Egi.

Los oficiales de las Fiestas buscaban por entre la muchedumbre para ver si no habían personas que no se habían vestido bien para multarlos. Los metían en una cárcel hecha de cabestros debajo de los álamos en el centro de la plaza. Para ser librados, tenían los víctimas que desempeñarse de alguna manera u otra. Lo usual era de cantar una canción, decir un chiste por bien, bailar un valse, tocar un instrumento, rezar, o echar una adivinanza. De tal manera, todos se devertían y honraban el regocijo del día.

La plebecita, -ya aburridos todos del verano, sin ver a sus amiguitos- tendrían que esperarse aún otro mes antes de que se recomenzara la escuela. Los muchachos caminaban rumbo a la derecha al rededor de la plaza y las muchachas caminaban hacia la izquierda. Así se topaban en cada vuelta. Si se interesaba algún muchacho de una muchacha, le compraba un sombrerito barato de feltre y por unos centavos lo inscribía con su nombre en brillo. Si ella se lo ponía, ya estaban comprometidos hasta el fin de las Fiestas. Para ser más romántico, el muchacho le ponía una pluma de avestrús.

Para el entretenimiento, había una plataforma en el medio del parque, arriba de la estación policial. Allí era donde pasaba toda la acción. Doncito (Chendito Martínez) con su estrella, tocaba a guitarra. Mano Adolfo Fréquez tocaba el violín. El trío de Jenny Vincent con su acordiona, era accompañada por Nat Flores con su guitarra y Hattie Trujillo en su mandolín.

El Maestro de Ceremonias era Don Ernesto Martínez. El anunciador del talento era Don Rafaél Cardenas. La bailadora principal era Doña Arsenia Duncan con su túnico de terciopelo azul y su sombrero de paja. Todos la conocían como "La Ginger." Mana Adelecia Gallegos componía versos para la reina y Rose Tollado Valdez fabricaba las coronas elegantes para la reina y las princesas.

Entre los espectadores, se podían destinguir los notables como Noula Karavas, la dueña de el Hotel La Fonda charlando con su hijo Saki, el único oficial de la floresa; Pascual Martínez, la nativa rusa Alejandra (Tinka) Fechin; E. B. Ortiz; dueño la tienda de construcción 'Yucca Builders' Supply', Norberto Saavedra; dueño de la farmacia Rexall, el Doctor J. A. Domínguez con camisa blanca, sus pantalones negros y su lienzo rojo, y la bibliotequera Josefa Santistevan.

Era un tiempo muy divertito donde los vecinos se reconocían y se la pasaban suave. No recordaban que las fiestas que tanto amaban, les habían venido a resultado de las gran ferias de Taos después de que se apaciguaron los conflictos entre los Hispanos y los Comanches. Todo lo que les importaba era que podían disfrutar de un tiempo bendito como familias y vecinos.

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