Los Hijos de La Monja Azul

Capítulo IXA: El Padre Benavides escribe acerca de las revelaciones de Sor María

Por Larry Torres
Posted 2/6/20

El Padre Alonso de Benavides se sentó esa mañana a descifrar los garabatos que había escrito en años pasados. No había habido causa de investigarlos o dudarlos hasta ahora que se había aumentado más el interés en la vida de Sor María.

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Los Hijos de La Monja Azul

Capítulo IXA: El Padre Benavides escribe acerca de las revelaciones de Sor María

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El Padre Alonso de Benavides se sentó esa mañana a descifrar los garabatos que había escrito en años pasados. No había habido causa de investigarlos o dudarlos hasta ahora que se había aumentado más el interés en la vida de Sor María.

Las monjas que la habían descubierto anoche habían olido el tufo de azufre eminando por debajo de la puerta de su celda. También un aullido inmundo las había despertado. Cuando rompieron la puerta, la hallaron flotando en el aire tan fácil como si estuviese acostada en su lecho. La Reverenda Madre las había despachado a dar el informe al Padre Benavides en su Convento de San Ildefonso.

Mirando a las notas que ya había escrito, el Padre Alonso había notado que Sor María era muy reconocida entre las tribus de los Indios Jumanos que vivían en Nuevo México y en Tejas. A los de Tejas, Sor María les llamaba "los Tixtlas." Ella escribió que habían dos tipos de Indios Jumanos: los Jumanos del Altiplano quienes cazaban cíbolos y los Jumanos Poblanos quienes vivían en casas de adobe y cultivaban algodón y maíz.

El jefe de los Jumanos era un hombre valiente que se llamaba "El Capitán Tuerto," porque había perdido un ojo el la batalla. Así le apodaron los Españoles. El Capitán Tuerto reunía a las otras tribus como a los Chillescas y a los Carbucos con los Jumanos.

El Padre Alonso también había notado que cada pueblo tenía a su propio cacique: El pueblo de San Juan tenía a Popé, Picurís tenía a Luis y Lorenzo Tupatú, el pueblo de Cochití tenía a Antonio Malacate, San Ildefonso tenía a Francisco el Ollita y a Nicolás Jonva. En Tesuque, el cacique era Domingo Romero, Santa Fe tenía a Antonio Bolsas, y al pueblo de San Lázaro lo guíaba Cristóbal Yope. El cacique Alonso Catiti guíaba a Santo Domingo, El Jaca estaba en Taos, y Domingo Naranjo era el jefe del pueblo de Santa Clara.

Estos 12 caciques seguían las enseñanzas de un viejo espiritual sabio que vivía en las cuevas de las montañas al norte del Pueblo de Taos. Le llamaban "Yo'he'yemo."

En las cienes de veces que Sor María de Ágreda había visitado al Nuevo Mundo, les hablaba a estas tribus del poder salvífico del Jesús crucificado. Les explicaba todo sobre la necesidad de tener misericordia no solamente entre ellos mismos pero para sus enemigos también. Le interesaba al Obispo Manso saber si los Indios habían avanzado en su gran sabiduría espiritual en el servicio de Dios solos o si solamente después de la aparición de Sor María entre ellos.

Su confessor, el Padre Sebastián Marcillaone, le había escrito a Don Francisco de Manso y Zúñiga en 1622. Él era el arzobispo de México en aquel entonces. Al leer las observaciones de Sor María tocante las tribus diferentes, el Arzobispo Manso quedó convencido de que en el futuro cercano, lo que ella había escrito, les sería muy útil en apaciguar las relaciones precarias entre los Españoles y los Indios.

En mayo de 1628, el Arzobispo Manso leó los informes del Padre Alonso de Benavides y apuntó al Padre Estevan de Perea para asumir su trabajo misionero en Nuevo México. El Padre Perea mismo llevó su petición a Nuevo México cuando viajó en una caravana entre los años 1628-1629. La caravana llegó a Isleta el 3 de junio, 1629.

Los Indios Jumanos se presentaban en la Misión de San Miguel cada año en Isleta. Pedían ser bautizados por los 16 reverendos padres allí. Cuando les preguntaban cómo habían aprendido su fe en el sacramento del bautismo, ellos les respondieron que una monja vestida en azul con un toque negro en la cabeza, joven y de buen parecer, les predicaban a menudo sobre ello. Podían repetir las promesas bautismales así como ella se les había enseñado. La veneraban por su sabiduría.

La version de esta capítulo en inglés esta por la Página C5.

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