La Prueba del Padre – Capítulo Seis: La batalla

Por Teresa Dovalpage
Para The Taos News
Posted 7/12/18

Resultó que no sucedía nada grave, al menos con el sistema digestivo de Eddy. A la mañana siguiente, cuando Tandra entró al cuarto del niño con un vaso de leche tibia...

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La Prueba del Padre – Capítulo Seis: La batalla

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Resultó que no sucedía nada grave, al menos con el sistema digestivo de Eddy. A la mañana siguiente, cuando Tandra entró al cuarto del niño con un vaso de leche tibia, encontró las sábanas cubiertas de heces fecales.

--¿No estás demasiado crecidito para hacerte caca en tu cama? --le espetó, pero se arrepintió al instante.

Una alarma sonó dentro del piyama maloliente del chico. Las groserías, incluso sus equivalentes más leves, la activaban, así como cualquier tipo de contacto físico.

--Esta es la primera --dijo Eddy, con el rostro inexpresivo.

Tandra ignoró el comentario.

--Limpia tu cama.

--No me da la gana.

--Bueno, pues lo vas a hacer de todos modos.

--Das asco.

Tandra se retiró a la cocina y consideró sus opciones. No quería castigar a Eddy tan pronto, pero sabía que tenía que hacer algo. Manejar ese tipo de situación era parte de la prueba. Una de sus partes más importantes, en realidad. Entonces notó que tenía el vaso de leche todavía en la mano. Mantener una buena rutina con las comidas tenía una puntuación alta en el proceso de evaluación.

--¡Eddy! --lo llamó con voz fuerte--. Ven acá y desayuna. Puedes limpiar tu cuarto después.

La respuesta fue una serie de eructos largos y altísimos.

Tandra volvió a la habitación de Eddy. El chico todavía estaba acostado en la cama, que seguía sucia y sin hacer, mordisqueando trozos de chocolate. Tandra se preguntó dónde los habría conseguido.

--Vamos --le suplicó--. No lo hagas más difícil para los dos. Tómate la leche.

--No quiero.

--Tómatela y te limpio tu cuarto… ¿qué te parece?

Él eructó de nuevo. Una oleada de ira sacudió a Tandra.

--¡Anda a la cocina ahora mismo!

--No quiero.

Lo agarró del brazo derecho y la alarma sonó de nuevo.

--No puedes tocarme --dijo Eddy--. Léete el Código de Conducta de los Padres. ¡Y déjame en paz!

Tandra obedeció.

Eddy pasó el resto del día devorando bombones, galletitas y helados. Se suponía que no debían formar parte de su dieta, al menos en cantidad considerable, pero había montones en la cocina. Al cabo Tandra se dio cuenta de que estaban allí precisamente para medir las habilidades disciplinarias de los padres contra la terquedad del niño. Era una batalla y él llevaba las de ganar.

Eddy se negó a salir o hablar con Tandra. Después de limpiar el cuarto y de lavar las sábanas, Tandra volvió a llamar a Uki y le contó lo que estaba pasando.

--Te juro que su intención es disuadir a la gente de tener hijos --dijo Uki.

--Pero es muy tarde para mí --susurró Tandra. No quería que la oyera Eddy, que ahora estaba en la sala, entretenido con otra película en tercera dimensión que había llenado el apartamento de extraterrestres, cohetes, desplomes y ruido de explosiones--. ¡Además, no es justo! Si se tratara de mi propio hijo, haría que me obedeciera de una manera u otra. ¡Lo que pasa es que quieren quedarse con todos los bebés! ¡Es un complot!

--Puede que tengas razón. Ahí tienes otro motivo para venir conmigo.

--Yo no podría sobrevivir en El Yermo, Uki. Eso es una jungla.

--¡No seas ridícula! La comuna está dirigida por una pareja educada. La mayoría de sus miembros son profesionales. Es un lugar civilizado.

--Será difícil en mi condición actual.

--Más difícil será si no pasas la prueba. Te detendrán en el Instituto hasta que hayas dado a luz y…

--Voy a pasar la prueba.

--Buena suerte.

Tandra le tiró el teléfono.

Sonya, la entrenadora de padres, emanaba simpatía como una delicada fragancia de lavanda.

--Te comprendo --dijo--. Mis propios nietos son de lo más jactanciosos. La niña de once años me tiene en menos porque no he aprendido a usar las nuevas películas de realidad virtual, ya sabes, esas en que la gente puede verse a sí mismas como parte de la acción. Yo le digo: "No me interesa estar en medio de una guerra galáctica." Ella piensa que soy demasiado lenta, pero el verdadero problema es que ellos son demasiado rápidos.

--Tan rápidos que me van a costar el bebé --murmuró Tandra.

Sonya le dio unas palmaditas en la mano. Ya sabía de su última ofensa: arrebatarle una bolsa de patatas fritas a Eddy, un movimiento inapropiado que había hecho sonar la alarma y merecido una queja del niño.

--Haz tu mejor esfuerzo, querida, y no dejes que estas cosas te afecten. Recuerda que el trabajo del chico es mortificarte. No es nada personal.

Tandra estaba de acuerdo. Toda la experiencia era impersonal. Inhumana, en verdad. A pesar de la bondad de la entrenadora, o tal vez a causa de ella, rompió a llorar. Sonya la abrazó.

--Esto no es real --murmuró-- Sé fuerte y verás cómo lo logras. Recuerda mantener la calma. Es la clave de todo.

Pero cuando Tandra regresó al apartamento, le fue imposible mantener la calma. Todos sus adorados libros estaban regados en el piso, con las páginas rotas y manchadas. Eddy se estaba preparando para desbaratar Las Fábulas de Esopo. Tandra perdió el control y comenzó a gritar.

La version de este cuento en inglés esta aqui.

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