Ficción Histórica

Los Hijos de la Monja Azul

Capítulo XC: Los Hermanos Penitentes escriben un alabado para Sor María

Por Larry Torres
Posted 3/15/20

"Madre," le dijo Sor María a la Virgen, pausando de escribir "La Mística Ciudad de Dios," "he conocido a algunas gentes muy distintas en el Nuevo Mundo que habitan entre los Indios. Son unos místicos hispanos quienes se reunen a orar en sus moradas. No comprendo sus prácticas religiosas, especialmente, sus rituos penitenciales durante el tiempo santo de la Cuaresma."

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Ficción Histórica

Los Hijos de la Monja Azul

Capítulo XC: Los Hermanos Penitentes escriben un alabado para Sor María

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"Madre," le dijo Sor María a la Virgen, pausando de escribir "La Mística Ciudad de Dios," "he conocido a algunas gentes muy distintas en el Nuevo Mundo que habitan entre los Indios. Son unos místicos hispanos quienes se reunen a orar en sus moradas. No comprendo sus prácticas religiosas, especialmente, sus rituos penitenciales durante el tiempo santo de la Cuaresma."

"¡Ay hija!" le respondió la Virgen, "Aseguradamente, Vos habláis de la Fraternidad de Los Hermanos Penitentes de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Son un culto que se formó aquí en Europa cuando primero llegó la pestilencia llamada la plaga negra bubónica' desde el Oriente en 1347. Estos flagelantes incorporan ejercicios de disciplina en sus oraciones así como lo hacían San Antonio Abad, San Jerónimo, San Benedicto, San Bernardo, San Damián, San Francisco y San Ignacio de Loyola. Ellos no rezan por sí mismos pero rezan más bien por la salvación del mundo."

"Pero, ¿cómo llegaron hasta aquella parte del mundo, Madre?" le preguntó Sor María.

"Cristóbal Colón fue un Hermano Penitente así como muchos de sus compatriotas de España, el Portugal, Italia y Alemania. Cuando los conquistadores navegaron al Nuevo Mundo, Don Juan de Oñate menó una entrada para el Pueblo de San Juan.

"La primera cosa que hicieron las tropas del ejército en ese Viernes Santo de1598 fue quitarse las camizas y flagelarse en las espaldas con sus disciplinas en agredicimiento de que habían llegado con bien. Dejaron la tierra empapada con su propia sangre púrpura. Ellos fueron los primeros Hermanos Penitentes en el Nuevo Mundo. Son muy devotos a la Pasión de mi Hijo, y tratan con sus acciones de imitar sus sufrimientos atado a la columna."

"Sí Madre," dijo Sor María. "Entre todos los que visité," le dijo Sor María, "muchos aprofundizaron su sabiduría en la Pasión del Señor."

"Por eso, mi hijo te coronará algún día, hija," le dijo la Virgen. "Y los Hermanos Penitentes te honrarán con un alabado que recontará tu memoria: 'Madre Ágreda de Jesús; madre de más grandeza; Mística Ciudad de luz, bendita sea tu pureza. María, madre de Jesús, pues es tanta tu belleza. Los ángeles dan tu luz. Bendita sea tu pureza.

"'Eres madre de Jesús, pues es tanta su belleza. Los ángeles dan tu luz, bendita sea tu pureza. Ángeles y querubines coronan tu cabeza. A tus pies prostrados firmes. Bendita sea tu pureza.

"'Ágreda de Jesús eres; el centro de tu nobleza. Entre todas las mujeres, bendita sea tu pureza. Ciudad donde Dios alcanza y tienes tanta nobleza. Te entonen las alabanzas: bendita sea tu pureza. Madre Ágreda de Jesús que fuiste en tu nobleza lo misterioso de la luz. Bendita sea tu pureza. Los 37 consejos que tuviste de Santa Teresa, de moralidad inmensa, bendita sea tu pureza. De Dios fuiste elegida. De corona tu cabeza. Madre Ágreda de mi vida, bendita sea tu pureza. Ágreda de Jesús cuántos a tu singular belleza entonen a tí los santos. Bendita sea tu pureza. Ángeles y serafines entonan ya tu grandeza.

"'Te adoran los querubines. Bendita sea tu pureza. Ágreda, las profecías, a tí, Dios las endereza. Madre pues las cumplirías. Bendita sea tu pureza. Eres madre de bondad. Todo el mundo te confiesa. Por Jesús tenednos piedad. Bendita sea tu pureza. Dios de todas sus creaturas, a tí entrega y fija. Te pedimos, virgen pura. Bendita sea tu pureza. El padre eterno en María encarnó toda su belleza. Dadnos al Mesías. Bendita sea tu pureza. Madre Ágreda, te imploramos tu corazón y franqueza: el ir contigo a tu gloria. Bendita sea tu pureza. El padre eterno y el hijo, a tí, celestial princesa, de virtudes y prodigios. Bendita sea tu pureza.'"

A Sor María se le vinieron las lágrimas al oir ese alabado. Exclamó: "¡Señor, no soy menester!"

La version de este historia en inglés esta por la Página C4.

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