Los Hijos de la Monja Azul

Capítulo VC: El viento restituye la vista al ciego

Por Larry Torres
Posted 11/27/19

Sola en pleno desierto, Sor María trató de abrir los ojos pero quedó deslumbrada por la luz del alba. Los rayos de un sol brillante penetraban las sombras del horizonte oriental. Los locales conocían al sol como "el lucero del alba" o ya sea, "el ojo del amanecer." Se recargó en una media-tapia de adobe calentita pensando en la hermosura que es el mundo.

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Los Hijos de la Monja Azul

Capítulo VC: El viento restituye la vista al ciego

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Sola en pleno desierto, Sor María trató de abrir los ojos pero quedó deslumbrada por la luz del alba. Los rayos de un sol brillante penetraban las sombras del horizonte oriental. Los locales conocían al sol como "el lucero del alba" o ya sea, "el ojo del amanecer." Se recargó en una media-tapia de adobe calentita pensando en la hermosura que es el mundo.

Las primeras palabras que brotaban de los labios de los locales cuando despertaban, eran loores al Dios Eterno. "En este nuevo día, gracias le atribuimos, O Dios omnipotente, Señor de todo lo creado." Toda buena oración siempre comenzaba con dar gracias y no con pedir cosas. Sor María se maravillaba al pensar de que todo la creación ansiaba conocer al Creador.

Mientras que los primeros rayos le calentaban el rostro a Sor María, alcanzó a ver a un viejito trastraveando hacia ella. Según avanzaba, fue evidente que era un viejito ciego. Se prendía de los chamisos y de las rocas con cada paso, caminando con cuidado y corriendo sus dedos sobre la faz de la tapia. De repente le tocó la mano que reposaba en la tapia y Sor María la recogió pronto. Él se sorprendió por el contacto inesperado con un ser humano.

"Me desculpa, Vuestra Merced," le dijo. "No anticipaba hallar a alguien aquí."

"¿Adónde camináis con tanta prisa, padrecito?" le preguntó Sor María.

"Todas la mañanas me apresuro por llegar a esta Capilla de San Miguel antes que se levante el viento," el cieguito le respondió. "Fue construida por los Indios de Tlaxcala el año pasado en 1624, dirigidos por los frailes Franciscanos. Sus antepasados habían venido para el territorio de Nuevo México con el Conquistador Don Francisco Vásquez de Coronado en 1540. Me gusta sentarme aquí, esperando el bien de Dios en mi vida."

A Sor María se le hizo curioso de que un ciego no podía esperar ver el bien de nada al menos de que el mismo Jesucristo viniese a ungirle los ojos con saliva y polvo y restituirle la vista como se lo había hecho al pobre hombre ciego en la Fuente de Siloé, dos mil años pasados.

Pero el cieguito le había respondido con tanto acierto que se impulsó a preguntarle: "¿A poco me queréis decir que podéis ver al viento; cosa cual es imposible aún para los que tienen buena vista?"

Con el dedo índice de la mano derecha, el cieguito le apuntó hacía una antigua campana pesada, que estaba colocada allí en el campanario de la capilla. "Cuando los hombres tratan de repicar la campana con su cabestro," el cieguito continuó, "el tiempo se me pasa como en lo ordinario pero cuando se levanta el viento y mueve la campana, me regresa la vista y puedo ver todo tan claro como si hubiese nacido con una vista perfecta."

"¿Cómo es tal gracia posible, padrecito?" le preguntó Sor María.

"Nada es imposible con Dios, Hermana," dijo el cieguito, ahora que se había levantado el viento. "Lo que los hombres perciben como viento, no es cosa menos que el movimiento de las alas de los ángeles que toca la campana. Así como Vos podéis viajar a través del los cielos en las manos de los ángeles, así esta campana se convierte de plomo en pluma por el viento."

Grande fue el susto de Sor María cuando el cieguito comenzó a platicarle de los colores y hechuras de todo alrededor de él. Pero el momento que el viento se aplacó, volvió el pobre a caer en sombras de nuevo.

"¡Bendito y alabado sea para siempre tan gran Señor!" exclamó Sor María con maravilla.

La versión de este cuento en inglés está por la Pagina C5.

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