Ficción Histórica

Los Hijos de la Monja Azul

Capítulo IVB: La Inquisición prende a Sor María

Por Larry Torres
Posted 10/30/19

"¡Aliaga!" Sor María bisbiseó entre dientes cerrados.

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Ficción Histórica

Los Hijos de la Monja Azul

Capítulo IVB: La Inquisición prende a Sor María

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Por Larry Torres

"¡Aliaga!" Sor María bisbiseó entre dientes cerrados.

Solo su nombre le inspiraba gran temor. Comenzando con el Gran Inquisidor Tomás de Torquemada hace cien años y pico, los inquisidores entabicaban a noventa por ciento de las personas acusadas de cosas tan diversas como la brujería, el judaísmo, el heresis o de burla en contra del Santo Oficio. Y ahora de que la ánima le había avertido, se desapareció y se fue bendita de Dios. Sor Vigiladora despertó y se descabulló en una trance, sin decir algo más.

Sor María se quedó acostada en su lecho recordando los asuntos que le habían contado toda su vida. Desde que nació en 1602, habían habido cuarto inquisidores del Santo Oficio: Juan de Zúñiga Flores, obispo de Cartágena; Juan Bautista de Acevedo, obispo de Valladolid; Bernardo de Sandoval y Rojas, arzobispo de Toledo; y ahora, Luis de Aliaga Martínez.

Se contaba que aún desde niño, su propia madre lo había rechazado. Desde entonces, Luis de Aliaga guardaba sospechas en cuanto cada mujer que había conocido. En particular, escrutaba muy cuidadosamente a las curanderas que les hablaban a las plantas y que juntaban remedios por a luz de la luna. Se imaginaba que cada gato negro ocultaba un demonio secreto o espíritu malevolo, familiar de las brujas. Vivió una vida repugnosa, acusando a cada mujer de ser esposa de Satanás.

Como sus predecesores, Luis de Aliaga se había dejado creer de las escrituras de un clérigo alemán nombrado Heinrich Kramer.

En 1487 Kramer había escrito un libro más popular de la Sagrada Biblia. En latín se titulaba "Malleus Malificarum" o ya sea "El Marro de la Brujas." Fue el libro más odioso, escrito para el gran descrédito del género femenino. El cruel Inquisidor Tomás de Torquemada leía el 'Malleus' con gran entusiasmo y placer, siendo que en la vida, toda mujer lo había rechazado como varón asqueroso.

Aliaga asemejaba a Torquemada en el vasto odio que les tenía a las mujeres. Le gustaba preceder sobre el Sermón Generalis. Era una ceremonia en cual el Gran Inquisidor pronunciaba su decisión en contra de algún acusando. Si eran inocentes, los libraba de la cárcel. Si el acusando confesaba su crímen, le asignaba una penitencia según la Ley Canónica de la Santa Madre Iglesia.

Pero si eran culpables, no podían esperar más que el más severo castigo de las autoridades seculares porque el Inquisidor no quería mancharse con su sangre.

Sobre todo, Sor María le temía más que nada al auto de fe. Un auto de fe era el tiempo cuando la acusada herética o bruja, sería puesta en la plaza pública arriba de una pila de leña y quemado viva adelante de todo el poblado. Así había muerto la santa Juana de Arco en Francia por mano de los Ingleses.

Mientras que Sor María temblaba con escalofrío, oyó un tumulto afuera de su celda. Unas voces crueles preguntaban por ella sin recibir respuesta. Los ministros de la Inquisición quebraron la puerta y entraron, seguidos por los bárbaros verdugos con grillos y cadenas.

Pálida como una ánima, Sor Maria trató de levantarse del lecho, pero cayó del miedo que tenía. Sin palabra, la prendieron con violencia y la arrancaron de su celda, inconciente.

Cuando Sor María despertó, se halló en las tristes mazmorras oscuras del Santo Oficio. No tenía mucha esperanza.

La version de este historia en inglés esta por la Página C3.

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