Ficción Histórica

Los Hijos de la Monja Azul

Capítulo IIIC: Las Ánimas del Purgatorio salen una por una

Por Larry Torres
Posted 10/17/19

Por Larry TorresLa Reverenda Madre se quedó contemplando los loores ofrecidos a Sor María por un compositor desconocido. ¿Cómo sería que esta novicia adolescente a penas de la edad de juicio …

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Ficción Histórica

Los Hijos de la Monja Azul

Capítulo IIIC: Las Ánimas del Purgatorio salen una por una

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La Reverenda Madre se quedó contemplando los loores ofrecidos a Sor María por un compositor desconocido. ¿Cómo sería que esta novicia adolescente a penas de la edad de juicio pudiera inspirar a tal fervor místico? Sor María estaba dormiendo, apoderada por un sueño muy fuerte. Nada la perturbaba.

La Reverenda Madre pepenó el libro de oración de lecho a su lado. De repente discernió otro papelito colocado entre las hojas del misal. Era una notita personal firmada con el nombre "Teresa." Contenía consejos sobre cómo podía ayudarles a las ánimas salir del Purgatorio donde estaban penando.

A lo que la Reverenda Madre comprendía, la Santa Madre Iglesia estaba dividida en tres partes: La Iglesia representada por los santos se llamaba La Iglesia Triumfante. La Iglesia de los vivos se llamaba La Iglesia Militante. La Iglesia de las ánimas se llamaba La Iglesia Sufriente. Las ánimas estaban purificándose de todo pecado en el Purgatorio.

Sabía que las ánimas necesitaban que los vivos rezaran por ellas antes de poder subir al cielo. Había oído a otras monjas bisbisear que Sor María a veces hablaba con la ánimas de ciertos muertos, intercediendo por su bienestar. Sor María no temía a los muertos; para ella, las ánimas eran su mera familia. De seguro, muchos de los muertos fueron sacadas de penas por la intercesión de Sor María. Pero, ¿cómo lo haría? Eso no sabía la Reverenda Madre.

Todo lo que sabía es que algunas personas les tenían miedo a los muertos. Cuando veían a los muertos caminar entre ellos, les llamaban "los descarnados." Ya que sus cuerpos no funcionaban en este mundo, algunos los conocían también como "los difuntos."

Mientras que la Reverenda Madre hojeaba por el misal, descubrió la oración de Sor María usaba para sacar las ánimas del Purgatorio, una a la vez. Se puso a leer la oración, palabra por palabra calladitamente:

"Jesucristo se ha perdido y la Virgen lo va a buscar entre huerto en huerto, de rosal en rosal. Debajo de un rosal blanco un hortelanito está. 'Hortelanito, por Dios, dime la pura verdad si a Jesús Nazareno por aquí has visto pasar.' 'Sí Señora, sí lo vi antes del gallo cantar. Una cruz lleva en sus hombros que lo hacía arrodillar, una corona de espinas que lo hacía traspasar, una soga en su garganta que de ella estirado va y entre judíos y judíos bien acompañado va.

"'Caminemos Virgen Pura para el monte del Calvario que por presto que lleguemos ya lo habrán crucificado. Ya le clavan los pies. Ya le clavan las manos. Ya le tiran la lanzada a su divino costado.

"'La sangre que derramó está en el cáliz sagrado y el hombre que la bebiese será bienaventurado; será feliz en este mundo y en el otro coronado.'

"El que esta oración rezare cada viernes del año sacará un ánima de penas y la suya del pecado. El que la sabe y no la reza; el que la oye y no la aprende, el Día del Juicio sabrá lo que esta oración contiene."

La Reverenda Madre bajó el libro de oración y lo puso en la almohada pensando que Sor María tendría bastante paciencia para tratar de sacar a todas las ánimas del Purgatorio una por una con sus intercesiones. Suspiró, pensando en la tenacidad de la monja. Quizá ése era el secreto de su éxito en el misticismo.

La version de este historia en inglés está por la Página C3.

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