Las acequias: Red verde de la vida

Antonio Ortega moves the water in Valdez, New Mexico.

Por Sylvia Rodríguez

Traducido por Maria Dolores Gonzales

Esta es la primera de una serie de artículos cortos sobre las acequias del Valle de Taos, que se publicará en los próximos meses por Taos News, bajo el apoyo de la Asociación de Acequias del Valle de Taos.

Los ensayos serán escritos por mi, Sylvia Rodríguez, una coyota, antropóloga "nativa," comisionada de la acequia y miembra de la junta de TVAA.

Desde pequeña me han encantado las acequias. De niña siempre jugaba a lo largo de un lateral de la Acequia Madre del Río Pueblo de la Plaza de Taos durante, lo que resultó ser, la última década completa de operaciones. De adulta caí bajo el encantamiento de las acequias, lo que una colega llama la "acequia-locura." Dedico mi tiempo a estudiar, observar, participar, servir, trabajar, aprender, escribir, leer, fotografiar, admirar y hablar sobre las acequias, incluyendo la mía.

Ah sí - y intento regar.

Las acequias surgieron en el Valle de Taos y en otras partes de Nuevo México durante la colonización española. Fundamental a la economía de subsistencia agro-pastoral del Mundo Viejo, lo que los colonos hispano-mestizos trajeron consigo, las acequias transformaron el paisaje/el paisaje acuático, la ecología y las relaciones sociopolíticas en toda la región.

Las acequias son esenciales a los taoseños y a los nuevomexicanos, quienes en general, se identifican como ser "la gente de la tierra," la clave de su querencia (el amor de lugar). Las acequias son una parte preciosa e irremplazable de lo que significó en el pasado, lo que significa hoy día y lo que significará mañana, el vivir en este lugar.

Para los intereses fríos, económicos, los derechos de agua de la gente representan la existencia de valores seguros en un mercado de agua de Nuevo México en constante aumento. Para los investigadores académicos y científicos de agua y de riego, las acequias representan un ejemplo de lo que los antropólogos identifican como sistemas de riego autónomos un organizados por agricultores, impulsados por la gravedad. Estas comunidades de riego, a pequeña escala, se encuentran por todo el mundo y exhiben principios de gobernanza sorprendentemente similares.

Las acequias importan porque son un ejemplo vivo, pero en peligro, de sistemas sostenibles y resistentes que gobiernan un recurso común. Nos enseñan lecciones importantes, especialmente en una época de aceleración del cambio climático.

Un dogma reinante de la teoría económica del siglo XX sostiene que el interés individual, egoísta, inevitablemente saqueará y agotará un recurso común como una pesquería, un bosque compartido o una fuente de agua.

Por lo tanto, solo el estado o una corporación privada puede mantener y supervisar con éxito un recurso vital. Esta doctrina, conocida como la "tragedia de los bienes comunes" ha dictado las políticas públicas. Fue cuestionada por la investigación innovadora de Elinor Ostrom, quien demostró cómo los grupos de partes interesadas, mutuamente comprometidas y responsables, pueden manejar de manera sostenible y resistente un recurso común a través del tiempo. Por esa investigación obtuvo Ostrom el Premio Nobel. Entre sus investigaciones por todo el mundo se encuentran los sistemas de riego autónomos, los cuales incluyen los de Valencia, España, que comparten una ascendencia común con las acequias de Nuevo México.

Nunca se ha estudiado o escrito tanto sobre las acequias; fotografiadas, celebradas, organizadas políticamente o amenazadas de extinción, como lo están haciendo hoy día. Prácticamente todos hablan mucho de las acequias como si fueran la palabra de Dios.

Pero la verdad es que los que no tienen interés en las acequias (casi todos, menos los parciantes o los oficiales elegidos) codician sus derechos de agua y asumen que inevitablemente los sacarán del sistema de riego y los podrán usarlos en una manera mejor, según ellos, transferir los derechos al uso urbano para aumentar su beneficios (es decir, más rentable).

Desde un punto de vista burocrático moderno, las acequias se consideran arcaicas, ineficientes y condenadas. Estos artículos aspiran mostrar lo contrario.

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