Muerte por smartphone - Capítulo uno: Chanchullos

Posted

A bordo del North Star viajaban diez mil ojos, diez mil pies y diez mil orejas. Iban también cinco mil narices, cinco mil bocas y cinco mil partes de la anatomía humana que no hay para qué mencionar. Cinco mil gentes. ¿Qué podía esperarse de semejante hormiguero? Chanchullos nada más.

Así pensaba Marlene Martínez, mirando a todos lados con aire sospechoso. Con tantos pasajeros apiñados en un barco que mediría en total unos mil pies, algo tenía que suceder. Algo malo. A su abuelo, que en paz descanse, le gustaba decir: "En algún lugar, algo malo le está pasando a alguien ahora."

Años atrás Marlene se había reído de su pesimismo barato, pero ahora, mirando desde su butaca a la muchedumbre chillona que se arremolinaba cerca de la piscina en espera de que alistaran las cabinas, no pudo evitar un estremecimiento. Algo malo le va a pasar a alguien en este barco. Por regla general a Marlene le gustaban los cruceros. Había tomado diez y pensaba seguir al trote. Pero este crucero en particular, siete días de una travesía que empezaba en Miami e incluía Belice, Costa Maya y Cozumel, se le hacía diferente. Había algo en el aire. Un olor a peligro. Olor que Marlene, como buena ex policía, conocía demasiado bien.

Había sido idea suya venir con su sobrina, para quien el crucero constituía un regalo de quinceañera. El cumpleaños de Sarita era ese mes y lo único que quería era escaparse un rato de su rutina diaria. La muchachita vivía en Nuevo México, en un pueblo que Marlene consideraba el intestino del mundo, y nunca había salido del país. Un crucero a bordo del North Star, era, como decía Sarita con su vocabulario de milenial, "fabufástico."

La chica había saltado de alegría al descubrir que Carloalberto estaba entre los pasajeros. No resultaba extraño encontrarse con celebridades en aquellos cruceros caribeños, sobre todo cuando se trataba de celebridades clase C, como era el caso. Carloalberto, un cubanito bonitín que no usaba apellido, trabajaba a veces como modelo y soñaba con ser actor. Había alcanzado algo de fama por su participaciónen The Terrific Two, un programa de televisión en el que equipos de actores y guionistas competían para venderles sus ideas a productores de Hollywood. El equipo ganador firmaría un contrato para hacer su película. Ya estaban en la última ronda. Carloalberto y su compañera, la guionista Helen Hall, se encontraban entre los finalistas.

A Marlene no le interesaban esas cosas. Su dulcería, La Bakería Cubana, no le dejaba tiempo para tonteras, pero como Sarita no había dejado de mencionar a Carloalberto durante los últimos tres días, le fue imposible no fijarse en él. Era un muchacho alto y bronceado de veintipocos años con músculos esculpidos en el gimnasio, mandíbula maciza y una boca que Sarita, enamoriscada de él, catalogaba de "besable." Y ahí estaba, casi junto a Marlene. Buscó a su sobrina, pero la chica no andaba por allí así que se encogió de hombros y se dio permiso para admirar al muñecón. Pero admirar de lejos, eh, que Carloalberto tenía edad para ser su hijo y Marlene, todavía soltera a los cuarenta y dos años, no se consideraba una cougar. De cualquier modo, le escudriño hasta el pelo y no le quedó más remedio que admitir que era un caramelo.

Carloalberto estaba hablando con un tipo rubio mayor que él que portaba una escandalosa camisa hawaiana. Después de intercambiar unas palabras, los dos se dirigieron hacia la parte posterior del bar de la piscina, donde el barman preparaba sin descanso sin descanso daiquiris y mojitos. Parecían querer ocultarse de miradas ajenas y Marlene lo notó. Se concentró en las bocas: cuando trabajaba para la policía cubana, Marlene había aprendido a leer los labios. La conversación era en español y no tuvo dificultad para entenderla.

"Todavía no lo tengo," dijo Carloalberto, mientras la mandíbula le temblaba un poco. "Vas a tener que esperar a que se acabe el show."

"Pero ¿quién nos asegura que vas a ganar?," respondió el otro.

"Por lo que sé, pueden deshacerse de ti mañana mismo." "¡Eso no va a pasar, te lo prometo! Ya soy finalista y eso casi me asegura un contrato." "Con casi yo no voy a ninguna parte. Por favor, tengan paciencia. Les he pagado antes, ¿no?"El otro lo miró a los ojos."Te voy a dar una semana más," le dijo con los dientes apretados."¡Pero namás que una semana! Si después que termine el crucero no nos das algo te vas a meter en candela. ¿Oíste?"

Carloalberto asintió. Se había puesto pálido bajo su bronceado perfecto. El rubio se alejó. Carloalberto permaneció inmóvil, mirando las luces de Miami que centelleaban a lo largo de la costa mientras el barco navegaba hacia el Caribe. Sarita apareció de repente y agarró del brazo a Marlene. "¡Mira, tía!," señaló a Carloalberto. "¿No es el chico más fantalicioso del mundo? ¡No puedo creer que vayamos a pasar una semana cerca de él! ¿Crees que se fije en mí?" Marlene pasó por alto el uso de la palabra-garabato "fantalicioso" y negó con la cabeza. "Chanchullos" masculló.

 

La versíon en inglés de esta historia está aqui.

Comments

No comments on this story | Please log in to comment by clicking here
Please log in or register to add your comment